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Este día madrugamos aunque la sociedad “Milano classica” haya retrasado el horario a las 11, pero era domingo y teníamos que atravesar toda Milán. Por suerte el tranvía 16 llega bastante cerca de la plaza “Marinai d’Italia” donde está la “Palazzina Liberty” en la cual se dan los conciertos. Hacía un frío que pela, así que, cuando vimos un bar simpático, entramos para beber un cafe. Y es como que descubrimos un lugar muy acogedor, con un dueño tan simpático que nos invitó a sentarnos sin aumentar el precio como suele hacerse en Italia. El bar estaba lleno, los carteles hablaban de platos interesantes y la comida expuesta en el muestrario tenía buena pinta. Pasaban música clásica y la gente que estaba allí parecía la que después iba al concierto. Además en todo el barrio vimos lugares atractivos, la última vez almorzamos muy bien en un ristorante que se llama Charlie Brown, siempre via Cadore y conocemos también una de las mejores “pizzerie napolitane” de Milán que se llama “La Taverna”. Tendremos que explorar un poco más esta zona.

El concierto fue excepcional. En la Palazzina Liberty, el ambiente es único, el domingo por la mañana, parece una familia que se reúne para escuchar buena música en un lugar precioso pero también intimo, con músicos que se divierten y un público muy atento. Pero esta vez, tocaban con instrumentos antiguos música barroca y el director era Vittorio Ghielmi, un extraordinario viola gambista que se puede escuchar aquí en Youtube. La orquesta tuvo un éxito fantástico. Después, como siempre ofrecían en el bar  un aperitivo preparado por la mismísima presidenta de la asociación Milano clásica. Como era de prever intuir vimos a Noelia Reverte, nuestra amiga que es también ella viola gambista, nos dijo que él era muy bueno. Realmente, participar en estos conciertos del domingo, es una experiencia fantástica, después estás feliz y sereno.

Anoche, por tercera vez, fuimos al Vecjo Friul, para la velada Jazz. Como siempre, comimos muy bien, quesos artesanales, guiso de jabalí al Barolo con puré y una torta al chocolate con un excelente vino del Monferrato, un Superlodo. Tocaba el trío de Paolo Turchetti, una guitarra, un contrabajo y él en el saxofón. Faltaba un poco el ambiente, esta vez nuestros vecinos de mesa no eran muy simpáticos y el grupo no estaba al nivel de los que habíamos escuchado las otras veces, pero globalmente es siempre muy simpático y volveremos seguro.